Wednesday, February 13, 2013

Ítaca o las diez mil millas sin fin.


Como  propósito personal había decido crearme la disciplina de escribir diariamente. Eso sucedió hace cuatro meses,  y en ese tiempo había logrado escribir únicamente un pequeño poemínimo que hablaba sobre creer más en mí y en lo que escribía. Aquel día esos versos surgieron como un poderoso encantamiento que pensé  me recuperarían de esa falta de confianza y compromiso que me mantenía intermitente (y bastante improductivo) en esto de la escritura. Cómo verán no ayudó en nada.

En realidad ese propósito había nacido del terrible temor de no poder afrontar la inminente crisis de los treinta que veía próxima al llegar mi cumpleaños y dar irremediablemente un salto a la tercera década. Hoy habiendo ya pasado ese evento, que de terrífico no tuvo nada, decido continuar el paso que di en aquella época sin ninguna otra previsión más que dejar correr los dedos a través del teclado.

 Lo mejor, es que aunque actualmente no dudo del poder de los encantamientos, creo aún más en el impulso natural que tiene el tiempo y las cosas de seguir avanzando incluso en contra de nuestros propios deseos, o del peor de nuestros miedos. Creo en el movimiento,  en que "paso a paso un hombre puede recorrer diez mil millas", pero nunca más juzgándome por el ritmo, deteniéndome a dudar el sentido de mi andar, aunque a momentos pudiera no distinguir claramente hacia dónde voy. Es importante fijarme un sueño y mirarlo como esa montaña a la cual dirigirme, pero nunca más debiera intimidarme el hecho de no llegar a ella o fracasar en el intento, el camino está lleno de paradas, de senderos que nos alejan, de caídas, de pruebas a superar pero irremediablemente llegaré a ella, como aquel Úlises en el poema de Kavafis, sabio como había vuelto tras La Odisea supo lo que significaban todas las ítacas, o en la parábola taoista donde al final de las diez mil millas comienza un  nuevo recorrido de otras diez mil millas, así infinita y eternamente.

Y es que lo realmente importante en la vida es el viaje no el destino, y el recorrido mismo es la meta. Hoy después de muchos años,  digo  lo mismo de este oficio de escritor, de la labor de escribir para ustedes, y puedo finalmente decirlo aliviado y con una sonrisa en el rostro.
 

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